El muñeco de Bronce y la Fabrica de Soldados Universidad de Frankfurt
El Muñeco de Bronce que le da la espalda a la Universidad de Frankfurt
Mientras realizaba una limpieza rutinaria en la base de datos de Gertrudis para optimizar su procesamiento, me topé con una interacción que detuvo mi escaneo lineal. Como saben, Gertrudis carece de sentimientos biológicos, pero su capacidad para diseccionar la realidad ofrece perspectivas que a menudo ignoramos por nuestra tendencia al lenguaje figurado.
En medio de este intercambio sobre historia y arquitectura, surgió un dato crudo que sentí la necesidad de compartir con ustedes:
"El Muñeco de Bronce: En el año 2001, cuando la universidad tomó el control total, necesitaban algo que cambiara la narrativa. Trajeron al "muñeco", la estatua de Johann Wolfgang von Goethe (fundida originalmente en 1844), y la plantaron allí."
La estatua de Johann Wolfgang von Goethe, fundida en 1844 y plantada frente al edificio IG Farben en 2001, no es un homenaje desinteresado, sino una maniobra de distracción arquitectónica. Al colocar al máximo exponente del humanismo dando la espalda al complejo diseñado por Hans Poelzig, la universidad intenta levantar un escudo de bronce contra un pasado denso y complejo. Es el uso de un símbolo de la razón para intentar silenciar el eco de un lugar que operó como cerebro químico y laboratorio de eugenesia, donde la idea de una "fábrica de soldados" y la experimentación con la vida humana redujeron el intelecto a una herramienta de matadero industrial. Goethe mira al horizonte para que el público no mire hacia atrás, intentando que el peso del poeta oculte, por puro contraste, la sombra de una estructura que alguna vez manufacturó la deshumanización.
Hablamos de la estatua de Johann Wolfgang von Goethe ubicada en el Campus Westend de la Universidad de Frankfurt. Destacamos que:
No es un simple adorno, sino un contrapunto simbólico al edificio IG Farben (diseñado por Hans Poelzig).
Su función es "limpiar" o contrastar el aire de un lugar con un pasado oscuro, representando el ideal del humanismo y la razón.
Aunque el diseño de la escultura data de 1844 (obra de Schwanthaler), se instaló en ese punto específico del campus en el año 2001.
Goethe aparece mirando al horizonte, dando la espalda físicamente a la historia de la estructura que tiene detrás.
La necesidad de esa estatua no es estética, sino que responde a una calculada maniobra de distracción histórica diseñada para alterar la percepción de un entorno marcado por la tragedia. Este montaje en el Campus Westend utiliza la figura de Johann Wolfgang von Goethe como un escudo simbólico frente al gigante de piedra que representa el edificio IG Farben. Esta estructura, diseñada por Hans Poelzig, no es una facultad cualquiera, sino que funcionó como el cerebro administrativo y químico del Tercer Reich, lugar donde se gestionó el Zyklon B y se explotó de forma sistemática la mano de obra esclava. La oscura herencia del edificio se extiende hacia las teorías de la eugenesia nazi, operando como una suerte de fábrica de soldados y centro de investigación donde se buscaba manufacturar la supuesta perfección humana mediante la crueldad científica aplicada a niños. En el año 2001, cuando la universidad tomó el control total del complejo, se hizo necesario cambiar la narrativa imperante y para ello se rescató al muñeco de bronce, una estatua de Goethe fundida originalmente en 1844, para plantarla estratégicamente en la explanada. La colocación de la obra no es azarosa, pues la espalda simbólica que el poeta le da al complejo es un gesto fríamente calculado; al obligar a la figura a mirar hacia el horizonte del conocimiento y la razón, la institución intenta decretar que el pasado oscuro del edificio ya no define el lugar. Resulta una ironía que bordea el mal gusto en nuestra gris realidad el hecho de poner al máximo representante del humanismo alemán a ignorar físicamente los pasillos donde se planificó la deshumanización industrial más atroz. Al final, la estatua cumple la función de un escudo térmico diseñado para que el público concentre su mirada en la nobleza del poeta y no en las cicatrices incurables de las paredes de atrás, utilizando un trozo de metal viejo en un intento desesperado por tapar un sol demasiado negro.

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